La eterna lucha en la estrategia de un evento: contenido vs emociones

¡Muerte a los power points eternos y estáticos!

Es cierto que un evento siempre viene motivado por la necesidad de transmitir un mensaje, una idea y unos valores. Pero está claro que en una sociedad donde estamos rodeados de tanta información, cada vez es más difícil captar la atención de nuestro público y transmitir ese mensaje de forma clara y, sobre todo, que perdure en el recuerdo.

Por ello, hay que huir de las sesiones maratonianas de datos e informaciones que al fin y al cabo van a poder ser consultadas. Centrémonos en lo esencial, primemos la calidad ante la cantidad, y sobre todo busquemos cada vez más la práctica en vez de tanta retórica.

No hay mejor manera para que una idea, un concepto o un mensaje calen hondo que conquistando el corazón de los presentes a través de sus emociones y la experiencia en primera persona. Incluso en eventos formativos o de índole tecnológico, donde el rigor y la técnica son clave, debemos ser capaces de intercalar pequeñas píldoras de humanidad para que el oyente se sienta identificado. Eso nos hará más cercanos y, por consiguiente, podremos conectar mejor.

Minimicemos al máximo las ponencias donde el oyente solo escucha, pero no interactúa. Acerquemos distancias. ¡Muerte a los power points eternos y estáticos! Agudicemos el ingenio para traspasar la barrera del simple comunicar a la del transmitir. Y, sobre todo, hagamos de cada encuentro una experiencia.

Como decía la polifacética Amaya Angelou: “La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo les hiciste sentir”.

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